caminata
Vengo de una caminata sideral: después de dos horas de estar aburriéndome en mi casa, porque llamé a Marisa, y tenía que ir a cortar un árbol, y a Cris, que estaba en lo de una amiga y se iba a dormir la siesta, decidí, para matar el tiempo, retomar las viejas caminatas, que tanto bien me hacían, y que hace tanto abandoné.
Pues bien: vengo muerta.
Es increíble cómo se pierde el estado físico. Había engordado tres kilos en este último tiempo, pero no imaginaba ni de lejos que mi entumecimiento hubiera llegado a este estado.
Caminé desde Alvear, la calle de la esquina de mi casa, hasta Santa Fe: siete cuadras. Allí doblé, y caminé hasta Rivadavia: otras cinco cuadras. Desde Rivadavia enfilé para Belgrano, la calle principal: seis cuadras más. Es cierto que allí me entretuve fugazmente con algún que otro negocio, pero no lo bastante como para interrumpir la caminata. Otras cinco cuadras, y a doblar, para llegar a casa. Creí que se me iban a desprender los muslos e iban a echar a rodar por el pavimento...Un verdadero desastre. Espero retomar el hábito, porque de lo contrario me transformaré en una momia egipcia algo entrada en kilos...
sábado, 9 de junio de 2007
jueves, 7 de junio de 2007
relato del día
Anochecer de un día agitado.
Me levanté a las cinco. No sé por qué razón, no pude seguir durmiendo. O tal vez sí: me tiene mal esto de la alumna que preparo en inglés y de cuyo examen depende que pueda seguir estudiando su carrera terciaria, o no.
Ayer fui a hablar con la profesora, y por lo que pude ver no está demasiado dispuesta a aprobarla. Le doy la razón: en ese colegio tienen un nivel de inglés avanzado, y esta chica venía de un colegio donde ni siquiera tenían inglés; nunca pudo ponerse al día con las exigencias de su nuevo colegio.
Así que allí estoy, con los ojos abiertos mañana, tarde y noche, preguntándome cómo resolveré este intríngulis.
A las ocho vino otra alumna. Sin sobresaltos. Todo normal.
A las nueve y media llamó la madre de esta chica a la que me refería para decirme que no podía venir a las diez, y que le cambiara el turno. Hecho.
Después de comer y dormir una siesta, también a los saltos, me levanté para recibir a mi alumno de las cuatro. No apareció.
Hace un rato, y mientras estaba enredada entre compacts y casetes, porque compré uno de esos "artefactos" para guardar CDs, y el estado en que los tengo es caótico, apareció Rocío, mi alumnita de siempre, a decirme que no venía a inglés porque en el colegio habían hecho lo que nosotras habíamos adelantado el lunes.
Recién termino de poner un poco de orden en el vivo despelote de discos, y acá me siento, a contar mis peripecias.
Anochecer de un día agitado.
Me levanté a las cinco. No sé por qué razón, no pude seguir durmiendo. O tal vez sí: me tiene mal esto de la alumna que preparo en inglés y de cuyo examen depende que pueda seguir estudiando su carrera terciaria, o no.
Ayer fui a hablar con la profesora, y por lo que pude ver no está demasiado dispuesta a aprobarla. Le doy la razón: en ese colegio tienen un nivel de inglés avanzado, y esta chica venía de un colegio donde ni siquiera tenían inglés; nunca pudo ponerse al día con las exigencias de su nuevo colegio.
Así que allí estoy, con los ojos abiertos mañana, tarde y noche, preguntándome cómo resolveré este intríngulis.
A las ocho vino otra alumna. Sin sobresaltos. Todo normal.
A las nueve y media llamó la madre de esta chica a la que me refería para decirme que no podía venir a las diez, y que le cambiara el turno. Hecho.
Después de comer y dormir una siesta, también a los saltos, me levanté para recibir a mi alumno de las cuatro. No apareció.
Hace un rato, y mientras estaba enredada entre compacts y casetes, porque compré uno de esos "artefactos" para guardar CDs, y el estado en que los tengo es caótico, apareció Rocío, mi alumnita de siempre, a decirme que no venía a inglés porque en el colegio habían hecho lo que nosotras habíamos adelantado el lunes.
Recién termino de poner un poco de orden en el vivo despelote de discos, y acá me siento, a contar mis peripecias.
miércoles, 6 de junio de 2007
del tabaco y su garra
Escucho a Iván Noble: "Puedo subirte a mi viaje/ pero no te quedes mucho/ No es que no tenga corazón/ es que hace tiempo no lo escucho".
Disfruto desaforadamente de tanta bendita música en mis oídos...Gracias, VIDA, por la música.
Mientras el disco transcurre, recuerdo los avatares del día: cuando estaba a punto de salir de casa para ir al médico, a consultar por mi hábito de fumar, a buscar una solución, en lo posible, mágica, llegó Alfredo, un médico amigo de la familia, y me dijo que me ahorrara los cincuenta pesos de la consulta, que su hija, que también es médica, andaba detrás de esa nueva droga para dejar el pucho, y que si la llamaba me daría la dirección del sitio de Internet donde estaba toda la información. De manera que así hice: llamé a Verónica, y ella me dio www.champix.com.ar , sitio donde se habla de la vareniclina, lo más nuevo que existe para abandonar el tabaco.
Tengo algunas preguntas, porque yo hace un tiempo estoy tomando otro medicamento, que tiene la misma finalidad, pero que a mí sólo me ha servido hasta ahora para viajar y soportar la abstinencia, o para ir a ver un espectáculo sin tener que salir en mitad de la función para fumarme un pucho. Pues bien: tengo entendido que esta medicación no puede suspenderse de golpe, así que mañana voya llamar al psiquiatra de mis últimos años rosarinos y se lo voy a preguntar a él.
Si este año logro dejar de fumar, eso sí que sería un BINGO absoluto.
Escucho a Iván Noble: "Puedo subirte a mi viaje/ pero no te quedes mucho/ No es que no tenga corazón/ es que hace tiempo no lo escucho".
Disfruto desaforadamente de tanta bendita música en mis oídos...Gracias, VIDA, por la música.
Mientras el disco transcurre, recuerdo los avatares del día: cuando estaba a punto de salir de casa para ir al médico, a consultar por mi hábito de fumar, a buscar una solución, en lo posible, mágica, llegó Alfredo, un médico amigo de la familia, y me dijo que me ahorrara los cincuenta pesos de la consulta, que su hija, que también es médica, andaba detrás de esa nueva droga para dejar el pucho, y que si la llamaba me daría la dirección del sitio de Internet donde estaba toda la información. De manera que así hice: llamé a Verónica, y ella me dio www.champix.com.ar , sitio donde se habla de la vareniclina, lo más nuevo que existe para abandonar el tabaco.
Tengo algunas preguntas, porque yo hace un tiempo estoy tomando otro medicamento, que tiene la misma finalidad, pero que a mí sólo me ha servido hasta ahora para viajar y soportar la abstinencia, o para ir a ver un espectáculo sin tener que salir en mitad de la función para fumarme un pucho. Pues bien: tengo entendido que esta medicación no puede suspenderse de golpe, así que mañana voya llamar al psiquiatra de mis últimos años rosarinos y se lo voy a preguntar a él.
Si este año logro dejar de fumar, eso sí que sería un BINGO absoluto.
martes, 5 de junio de 2007
Anochece en la ciudad.
Va un poema:
Sentada en el umbral de una caricia,
viendo pasar aviones de recuerdos,
desvalida, ingrávida, perdida,
como un cuento olvidado en el espejo,
huyo de vos, vengo de vos, me vuelvo,
para encontrar que es nuevo lo que veo,
que ya no importás vos, tu voz, tu celo,
que mo importan pasados ni pesares;
ni condenas, ni crítica o venganza,
ni descarte, desilusión o reto;
sólo importa esta vez mi vida nueva,
que te excluye, entero.
Va un poema:
Sentada en el umbral de una caricia,
viendo pasar aviones de recuerdos,
desvalida, ingrávida, perdida,
como un cuento olvidado en el espejo,
huyo de vos, vengo de vos, me vuelvo,
para encontrar que es nuevo lo que veo,
que ya no importás vos, tu voz, tu celo,
que mo importan pasados ni pesares;
ni condenas, ni crítica o venganza,
ni descarte, desilusión o reto;
sólo importa esta vez mi vida nueva,
que te excluye, entero.
domingo, 3 de junio de 2007
de cine y Linda Goodman
Finalmente, el viernes, cuando no sabía qué iba a hacer en el resto del día, decidimos alquilar una película.
Vimos Babel. Nos encantó.
Esta tarde fui a lo de Marisa, y se me ocurrió bajar al tercero, a lo de Cris (vive en el mismo edificio), para pedirle el libro de Linda Goodman, que tenía hace como seis meses.
De manera que Franky, Marisa y yo, nos entretuvimos leyendo la introducción de ese libro, maravillosamente escrito, sobre los códigos secretos del universo.
Obviamente, si se lo pedí a Cris , fue para traérmelo a casa, pero cuando me venía la vi a Marisa tan entusiasmada, y con tantas ganas de seguir leyendo, que decidí dejárselo.
Con ese libro vengo predicando "la buena nueva" (je) hace casi veinte años...
Finalmente, el viernes, cuando no sabía qué iba a hacer en el resto del día, decidimos alquilar una película.
Vimos Babel. Nos encantó.
Esta tarde fui a lo de Marisa, y se me ocurrió bajar al tercero, a lo de Cris (vive en el mismo edificio), para pedirle el libro de Linda Goodman, que tenía hace como seis meses.
De manera que Franky, Marisa y yo, nos entretuvimos leyendo la introducción de ese libro, maravillosamente escrito, sobre los códigos secretos del universo.
Obviamente, si se lo pedí a Cris , fue para traérmelo a casa, pero cuando me venía la vi a Marisa tan entusiasmada, y con tantas ganas de seguir leyendo, que decidí dejárselo.
Con ese libro vengo predicando "la buena nueva" (je) hace casi veinte años...
viernes, 1 de junio de 2007
un día más
Acabo de ir a llevarle a Fernando, mi amigo médico, el precioso y preciado libro de Linda Goodman, que ya tiene veinte años de publicado y no se cansa de peregrinar.
Antes lo consulté con Andrea, que fue la última en devolvérmelo, y que ya entonces proyectaba prestárselo a él.
Sinceramente espero que le sea útil, porque Fernando tiene la mente muy abierta; de lo contrario, si fuera un médico como tantos otros, probablemente le parecería pura superchería.
Llamé también a Cris, que todavía está en Buenos Aires, para saludarla por el día del contador, y ya que estaba, llamé a Roberto, por el mismo motivo.
Todo esto, después de haber dado mi última clase de inglés del día de la fecha.
Así es que ahora tengo por delante unas cinco horas libres, antes de irme a dormir, que no tengo la menos idea de cómo las llenaré...
Acabo de ir a llevarle a Fernando, mi amigo médico, el precioso y preciado libro de Linda Goodman, que ya tiene veinte años de publicado y no se cansa de peregrinar.
Antes lo consulté con Andrea, que fue la última en devolvérmelo, y que ya entonces proyectaba prestárselo a él.
Sinceramente espero que le sea útil, porque Fernando tiene la mente muy abierta; de lo contrario, si fuera un médico como tantos otros, probablemente le parecería pura superchería.
Llamé también a Cris, que todavía está en Buenos Aires, para saludarla por el día del contador, y ya que estaba, llamé a Roberto, por el mismo motivo.
Todo esto, después de haber dado mi última clase de inglés del día de la fecha.
Así es que ahora tengo por delante unas cinco horas libres, antes de irme a dormir, que no tengo la menos idea de cómo las llenaré...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

