Hoy va de poema:
Llegó el remanso azul.
Vuelan canciones.
En el baúl en cruz
de los gorriones,
donde guardo futuros
repasados,
donde estiro pasados
inauditos,
donde les cuelgo el sayo
a los benditos
y especulo castigos
a leones,
hoy fulge amanecer
de canto y coplas,
hoy se engancha el ayer
al lavarropas,
hoy se pisa el cordón
el delincuente,
y se cae, y se caen
los dementes
en un abrir-cerrar
de nubes fuertes,
con místicos vestidos
de algodón.
Hoy es nueva la aurora.
No parece
un cuento repetido que le crece
al horizonte añil.
Hoy ni el alfil
demora la jugada;
hoy es nueva la cara
que le estrena
mi canción,
a los postes y a las penas
de bandoneón ajeno
y propias musas.
Hoy se esconden
y vencen, las excusas
cantando un tango vil,
desaforado
como las golondrinas del pasado
que no importan oscuras
ni volvientes.
Hoy en el vientre de tu voz
yo esgrimo
mi cincel de arrabales
y de limo,
enumerando coces solidarias
para mandar al fin
a funerarias
a cada mal agüero del destino.
Hoy, que quiero tomarte,
tomo el vino
que generosamente me regala
tu bodega de vítores,
aplausos,
tu bodega de sol
y de uvas negras.
Hoy, que ruge la tierra
un aleluya,
se achican las veredas
de la angustia
y aparece la calma
en una esquina.
Hoy, que es fiesta
de encuentros y señales
tiraré por la ventana
todos y cada uno
de los males
al desierto de ayer,
y de este roce
entre tu vino
mojando mi garganta
y yo, la yegua cósmica
con coces en camino,
brotará una vez más el desatino
de regalar mis rosas
al maleante
que me robó el amor,
como si antes
sólo fueran ensayos,
borradores,
de esta tibia verdad,
que mil amores
dibujan en mi pecho
de neón.
viernes, 11 de enero de 2008
miércoles, 9 de enero de 2008
lunes, 7 de enero de 2008
Jor
Pensaba no volver a escribir en este blog.
Pero hoy decidí que quizás, con viento a favor, un astronauta me lea y decida venir a rescatarme.
De modo que aquí estoy, otra vez.
Esta tarde estuve con Jor, hablando de mis aventuras rosarinas.
Nos reímos a pata suelta durante tres horas, hasta que a mí me agarró la veta trágica y decidí empezar a contar mis desventuras.
Fue allí donde Jor empezó a dormirse, y entre bostezo y bostezo, hacer alguna acotación pertinente con la media neurona que le quedaba en pie.
Jor es la hija de una amiga, que es más amiga mía que la madre, en realidad. Está por recibirse de médica, pero eso no quita que baile flamenco, aprenda numerología y tarot, y se interese por absolutamente todo. Rara avis, si las hay, dado que ene sa facultad todo el mundo parece (o al menos parecía, hasta hace unos años) cortado por la misma -aburrida- tijera. Es por eso, precisamente, que la quiero tanto.
A domani, o até logo, o hasta quién-sabe-cuándo.
Pensaba no volver a escribir en este blog.
Pero hoy decidí que quizás, con viento a favor, un astronauta me lea y decida venir a rescatarme.
De modo que aquí estoy, otra vez.
Esta tarde estuve con Jor, hablando de mis aventuras rosarinas.
Nos reímos a pata suelta durante tres horas, hasta que a mí me agarró la veta trágica y decidí empezar a contar mis desventuras.
Fue allí donde Jor empezó a dormirse, y entre bostezo y bostezo, hacer alguna acotación pertinente con la media neurona que le quedaba en pie.
Jor es la hija de una amiga, que es más amiga mía que la madre, en realidad. Está por recibirse de médica, pero eso no quita que baile flamenco, aprenda numerología y tarot, y se interese por absolutamente todo. Rara avis, si las hay, dado que ene sa facultad todo el mundo parece (o al menos parecía, hasta hace unos años) cortado por la misma -aburrida- tijera. Es por eso, precisamente, que la quiero tanto.
A domani, o até logo, o hasta quién-sabe-cuándo.
viernes, 4 de enero de 2008
Basta
Estoy harta. Al fin he comprendido que no tiene sentido que me exprese: de todos modos, nadie me escuchará.
Como la Casandra de la mitología, no sé qué estúpido Apolo me ha condenado, desde hace ya muchos veranos, muchos, muchos, tantos, que no me caben en el pecho la bronca y la impotencia, a carecer del don de la persuasión; por más que vea, que pueda ver (soy alevosamente miope), nadie verá lo que yo veo, nadie escuchará lo que yo escucho, nadie sentirá lo que yo siento.
Estoy tan horrendamente SOLA en este mundo de cartón, que si los extraterrestres existen verdaderamente, y, ya que aquí nadie me escucha, alguno de ellos me escuchara, les pido que vengan con urgencia a buscarme, pero ya no para llevarme a Alfa del Centauro, que de todos modos es la estrella más cercana, sino más allá de Casiopea, la estrella de Silvio, porque, como él, llevo más de un millón de años dando coordenadas, pero nadie contesta a mi llamada. ¿Será que me he quedado sin hogar?
Estoy harta. Al fin he comprendido que no tiene sentido que me exprese: de todos modos, nadie me escuchará.
Como la Casandra de la mitología, no sé qué estúpido Apolo me ha condenado, desde hace ya muchos veranos, muchos, muchos, tantos, que no me caben en el pecho la bronca y la impotencia, a carecer del don de la persuasión; por más que vea, que pueda ver (soy alevosamente miope), nadie verá lo que yo veo, nadie escuchará lo que yo escucho, nadie sentirá lo que yo siento.
Estoy tan horrendamente SOLA en este mundo de cartón, que si los extraterrestres existen verdaderamente, y, ya que aquí nadie me escucha, alguno de ellos me escuchara, les pido que vengan con urgencia a buscarme, pero ya no para llevarme a Alfa del Centauro, que de todos modos es la estrella más cercana, sino más allá de Casiopea, la estrella de Silvio, porque, como él, llevo más de un millón de años dando coordenadas, pero nadie contesta a mi llamada. ¿Será que me he quedado sin hogar?
jueves, 3 de enero de 2008
Bienaventuranza
Quiero decirte nada, pero lo digo todo.
Centauro de los montes, caballito del sol.
Quiero esconderme, apenas, en tus manos maestras,
y dejar que la orquesta nos toque un rock and roll.
Quiero subir despacio la cuesta de las ganas,
y entonar una nana para que duermas vos.
Mientras canto canciones de los labios adentro;
se sabe ya, no entono, ni afino, ni aledaños.
El rumor que los años nos fueron deparando
crece en mi oído, y siembra una lluvia de cantos.
La verdad de tu risa, esa ignota viajera
que derrumba quimeras y concreta utopías,
me cuenta que no es frío que bese los espejos,
el grabador, la radio, la tele, lo que sea;
porque vos y tu modo de comprenderlo todo
abarcan mi locura con magistral paciencia,
y recibo la herencia de tu vista ciclópea,
dejando, gota a gota, caer lágrimas honestas.
Para filtrarnos siempre el amor, por encima
de los pozos oscuros y la Ciudad de Oz.
Porque te quiero a ti, y no hay remedio,
elevo esta cantata de un sano corazón.
Quiero decirte nada, pero lo digo todo.
Centauro de los montes, caballito del sol.
Quiero esconderme, apenas, en tus manos maestras,
y dejar que la orquesta nos toque un rock and roll.
Quiero subir despacio la cuesta de las ganas,
y entonar una nana para que duermas vos.
Mientras canto canciones de los labios adentro;
se sabe ya, no entono, ni afino, ni aledaños.
El rumor que los años nos fueron deparando
crece en mi oído, y siembra una lluvia de cantos.
La verdad de tu risa, esa ignota viajera
que derrumba quimeras y concreta utopías,
me cuenta que no es frío que bese los espejos,
el grabador, la radio, la tele, lo que sea;
porque vos y tu modo de comprenderlo todo
abarcan mi locura con magistral paciencia,
y recibo la herencia de tu vista ciclópea,
dejando, gota a gota, caer lágrimas honestas.
Para filtrarnos siempre el amor, por encima
de los pozos oscuros y la Ciudad de Oz.
Porque te quiero a ti, y no hay remedio,
elevo esta cantata de un sano corazón.
miércoles, 2 de enero de 2008
...
No me importa nada que digan que soy ingenua. Que a los cuarenta y pico ya no da para ingenuidades. No me importa nada.
Seguiré asombrándome y curioseando, preguntándome y descubriendo toda mi vida. ¿Para qué cuernos estamos acá, si no es para aprender y disfrutar? ¿Que qué? ¿Que estamos, por ejemplo, para pasar hambre? ¿Para hacer la guerra? ¿Para ganar el pan con el sudor de nuestra frente? Patrañas. Si se repartiera un poco, apenas un poco mejor la torta que disfrutan cuatro o cinco, nadie pasaría hambre, ni haría la guerra, ni "ganaría el pan con el sudor de su frente".
Y nadie agarraría de boluda a una mina como yo, que se cree todo lo que le cuentan y se toma todo a pecho sencillamente porque le cuesta entender que alguien, otro alguien (u otros "álguienes") eche a rodar algo con la mera intención de divertirse barato. Aunque eso implique, por ejemplo, echar a rodar la cabeza de una.
No me importa nada que digan que soy ingenua. Que a los cuarenta y pico ya no da para ingenuidades. No me importa nada.
Seguiré asombrándome y curioseando, preguntándome y descubriendo toda mi vida. ¿Para qué cuernos estamos acá, si no es para aprender y disfrutar? ¿Que qué? ¿Que estamos, por ejemplo, para pasar hambre? ¿Para hacer la guerra? ¿Para ganar el pan con el sudor de nuestra frente? Patrañas. Si se repartiera un poco, apenas un poco mejor la torta que disfrutan cuatro o cinco, nadie pasaría hambre, ni haría la guerra, ni "ganaría el pan con el sudor de su frente".
Y nadie agarraría de boluda a una mina como yo, que se cree todo lo que le cuentan y se toma todo a pecho sencillamente porque le cuesta entender que alguien, otro alguien (u otros "álguienes") eche a rodar algo con la mera intención de divertirse barato. Aunque eso implique, por ejemplo, echar a rodar la cabeza de una.
martes, 1 de enero de 2008
Madrugada. Martes 1º, 2008.
De vuelta de penumbras y de ocasos,
girando en el tiovivo de la infancia,
encendida de lunas esmeralda,
buscando un trashumante en el camino,
corriendo tras las huellas del instinto
al camposanto de los comedidos,
paseando duermevelas en carroza,
fantaseando con la nave nodriza,
encuentro extraterrestremente a los terráqueos,
me asombro de su asombro simulado.
Me cuento una historieta con atraso,
me mofo del gran Burlador enano.
Me subo a dos mil árboles atletas,
me deslizo por lianas de susurros,
y me río, y me río, aunque vos rías,
de lo barato que te salió este curro.
Me agendo tu cumpleaños en un puño,
para ir a estampártelo en la cara.
Me nutro del doblez de tu mirada,
y me esfuerzo por siglos de segundos.
Será lo que ha de ser, y aunque no seas
ni el Principito (Exupéry llora), ni la Virgen del Carmen,
ni aquella carmelita en traje sobrio,
aquella carmelita tan calzada,
que me estampó de golpe su mirada,
creyendo, creo, que me intimidaba,
aunque no seas nadie, ni seas nada
(ya ves: colecciono nadies, nadas),
aunque creas que sos lo que un día fuiste,
patético bufón en camiseta,
tus tretas de gerente del orgasmo
no pasman ni un centímetro mi tinta.
Y me muevo, y se mueven los corsarios,
y se quiebra tu luna, y no mi luna,
y se muere un gorrión que no madruga,
y se desdice un ángel rezagado,
mientras yo te lo firmo, y lo confirmo:
todo vuelve; la rueda gira y gira,
y en el saco en que guardás tu alforja
no hay espacio para un billete nuevo:
el billete de avión hacia mi isla.
De vuelta de penumbras y de ocasos,
girando en el tiovivo de la infancia,
encendida de lunas esmeralda,
buscando un trashumante en el camino,
corriendo tras las huellas del instinto
al camposanto de los comedidos,
paseando duermevelas en carroza,
fantaseando con la nave nodriza,
encuentro extraterrestremente a los terráqueos,
me asombro de su asombro simulado.
Me cuento una historieta con atraso,
me mofo del gran Burlador enano.
Me subo a dos mil árboles atletas,
me deslizo por lianas de susurros,
y me río, y me río, aunque vos rías,
de lo barato que te salió este curro.
Me agendo tu cumpleaños en un puño,
para ir a estampártelo en la cara.
Me nutro del doblez de tu mirada,
y me esfuerzo por siglos de segundos.
Será lo que ha de ser, y aunque no seas
ni el Principito (Exupéry llora), ni la Virgen del Carmen,
ni aquella carmelita en traje sobrio,
aquella carmelita tan calzada,
que me estampó de golpe su mirada,
creyendo, creo, que me intimidaba,
aunque no seas nadie, ni seas nada
(ya ves: colecciono nadies, nadas),
aunque creas que sos lo que un día fuiste,
patético bufón en camiseta,
tus tretas de gerente del orgasmo
no pasman ni un centímetro mi tinta.
Y me muevo, y se mueven los corsarios,
y se quiebra tu luna, y no mi luna,
y se muere un gorrión que no madruga,
y se desdice un ángel rezagado,
mientras yo te lo firmo, y lo confirmo:
todo vuelve; la rueda gira y gira,
y en el saco en que guardás tu alforja
no hay espacio para un billete nuevo:
el billete de avión hacia mi isla.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
